Una cartita al Director amablemente publicada hoy (25/11/09) por HERALDO de ARAGÓN. Esta gente suele ser muy cariñosa y amable con su política de publicaciones en páginas de opinión, pero en este caso les estoy especialmente agradecido por el tema de la carta en concreto. Resulta poco frecuente que desde la prensa, acostumbrados como están a tratar de política, deportes, juicios mediáticos y cosas así, se metan "en el huerto" de tratar el tema de la felicidad en esta vida
.EL CEREBRO HUMANO
La curiosidad humana ha demostrado sernos muy útil para ciertas cosas, por ejemplo, ella nos ha llevado de descubrimiento en descubrimiento ¿quién lo duda?, pero también tiene otra característica en la que no solemos pensar, a saber: Que resulta insaciable por su propia naturaleza, y como tal, nunca nos permitirá permanecer demasiado tiempo satisfechos, y en ese sentido si alguien buscara felicidad constituiría una trampa.
Pues bien, el Heraldo nos deleita con una reflexión sobre ello, y no referida solo a la curiosidad sino al conjunto de las funciones asociadas con el cerebro, un cerebro que es muy útil a la hora de conseguir esto, o aquello, o lo de más allá pero que (como recuerda el catedrático señor Mora), es incapaz por su propia naturaleza de hacernos felices. Y ahí viene la cuestión porque yo sí que quiero ser feliz precisamente durante esta vida, y no a través de una engañosa vía cerebral sino por medio del sentir, del sentimiento que percibo momento a momento porque cuando yo me siento bien, en ese preciso momento, yo estoy bien opine el cerebro lo que opine sobre lo que está pasando o me está pasando o dejando de pasar.
Entendámonos, me gusta mucho razonar, pero precisamente por ello no utilizo el razonamiento para lo que no vale.
La curiosidad humana ha demostrado sernos muy útil para ciertas cosas, por ejemplo, ella nos ha llevado de descubrimiento en descubrimiento ¿quién lo duda?, pero también tiene otra característica en la que no solemos pensar, a saber: Que resulta insaciable por su propia naturaleza, y como tal, nunca nos permitirá permanecer demasiado tiempo satisfechos, y en ese sentido si alguien buscara felicidad constituiría una trampa.
Pues bien, el Heraldo nos deleita con una reflexión sobre ello, y no referida solo a la curiosidad sino al conjunto de las funciones asociadas con el cerebro, un cerebro que es muy útil a la hora de conseguir esto, o aquello, o lo de más allá pero que (como recuerda el catedrático señor Mora), es incapaz por su propia naturaleza de hacernos felices. Y ahí viene la cuestión porque yo sí que quiero ser feliz precisamente durante esta vida, y no a través de una engañosa vía cerebral sino por medio del sentir, del sentimiento que percibo momento a momento porque cuando yo me siento bien, en ese preciso momento, yo estoy bien opine el cerebro lo que opine sobre lo que está pasando o me está pasando o dejando de pasar.
Entendámonos, me gusta mucho razonar, pero precisamente por ello no utilizo el razonamiento para lo que no vale.
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